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Sentí desfallecer




Un excelente poema de Felipe Tajafuerte que refleja de forma clara como resurge la esperanza de la incertidumbre más profunda. Poema que lleva por título:


Sentí desfallecer

Sentí desfallecer.
Vi emerger un sórdido leviatán
de la profundidad de los miedos,
aflorar el desaliento con giros de amargura
y semblante de crisantemo.
Percibí la desazón arañando mis mañanas
y el desasosiego hurgando el destello de mis noches.
Un escalofrío de incertidumbres
anegó mis horas una a una.
Tenía los oídos ciegos a la confianza.
Los ojos cuajados de infortunio.
Mas, un apagado resplandor
-fanal en la oscuridad-
sembró la flor dúctil de la esperanza
precursora del optimismo.
Sin embargo, a pesar de ello, todavía...
                                           sentí desfallecer.









Sirenas



Audio lecturas se  complace hoy en ponerle voz a este fantástico
relato escrito por Felipe Tajafuerte. El toque de la sirena anuncia  el final de una jornada laboral, y empieza así la vida enamorada de dos jóvenes que se encuentran al atardecer en el acantilado, viviendo sus tiempos de amor y de magia. El relato lleva por título:


 Sirenas
 
Es la hora. El anhelado y estridente ulular de las alarmas pone punto final a la dura jornada laboral. La salida del trabajo  provoca en su rostro algo parecido a una sonrisa. Atrás quedan los momentos monótonos de la tarea. Hora tras hora, minuto a minuto golpeando, cincelando, esculpiendo graníticas losas que quizá, más adelante, servirán de túmulo al cuerpo del último pescador desaparecido.

Camina ensimismado recorriendo las callejuelas del pueblo hasta llegar, sin apenas darse cuenta, a la puerta enjalbegada de la casa de Nerea, su novia. Cogidos ambos de la mano, recorren los últimos tramos de la calle y se dirigen a los acantilados. Sentados sobre la hierba,  arrobados, contemplan el atardecer, la estela bermeja que perfilan los rayos del sol.

Permanecen expectantes. Va a suceder de un momento a otro. Es la hora bruja en que, desde los escollos, los dorados cuerpos de las sirenas  se zambullen en las aguas gélidas, tal vez a reunirse con los náufragos que han sucumbido a sus cantos seductores.